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Biografia de Beatriz Eugenia Bustamante He.

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ArteBeatriz Eugenia Bustamante He. (1970-0000) Arte
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Beatriz Eugenia Bustamante Henao nació en Medellín, se casó por primera vez, en 1981 a la edad de 15 años con Jhon William Roldan Patiño, quién tenía 17 años, el era un joven muy popular, alto, moreno, muy simpático y trabajador, ella no era tan bella, pero, tenía tanto encanto que la gente no se daba cuenta de su poca belleza externa, durante la época de este matrimonio ella era estudiante de décimo grado y atendía su hogar. Un nefasto día Jhon Wilson salió a jugar un partido de fútbol con unos amigos en la cancha de la Tinajita, después del partido se fue a tomar unas cervezas y uno de sus "amigos" comenzó a consumir drogas y se enloqueció: gritaba que veía al demonio, se comenzó a dar golpes en la cabeza y a correr como loco; Jhon Wilson trato de cogerlo y el otro respondió dándole cuatro puñaladas que lo dejaron muerto en el acto.

Beatriz acudió al cementerio cada sábado durante dos años y decoró su tumba.

En 1988 Beatriz empieza a hacer una carrera universitaria relacionada con el trabajo en el campo, en 1989 conoce al que será su segundo marido Eder Osorno Ribelles, ella queda embarazada y tienen un hijo en 1991. Eder y Beatriz se gradúan como agropecuarios en 1996 y se van a trabajar al campo, ella en la finca es la encargada de contratar peones, pagar el salario y de los alimentos de los trabajadores.

En 1997 Eder es secuestrado y desaparecido, nunca se supo si esto lo realizó un grupo guerrillero o delincuencia común. Su esposa lo busca incansablemente, a pesar de las amenazas y es encontrado finalmente en una fosa común en 1998. Beatriz y si hijo pueden realizar el último adiós, pero se van definitivamente de la zona.

Con su hijo ya en cuarto de primaria y ella trabajando y estudiando, la vida continúa de forma pacífica, en el año 2000 conoce a una persona sencilla, de profesión carpintero y decide conformar una familia.

El tercer esposo se llama Carlo Marius Pabón, es un hombre muy trabajador, con el que encuentra paz, la relación se convierte para ella y su hijo en una tranquila rutina, de una familia tradicional, a pesar de que intentan tener un hijo esto no se consolida y finalmente se resignan.

Carlo Marius tiene su taller a unos doscientos metros de la casa.

Hacía las 3 p.m del 13 de noviembre del año 2004 y cuando estaba extendiendo una ropa en el patio de su casa, Beatriz observa una columna de humo, inmediatamente tiene un mal presagio, sale de su casa y corre a la dirección del humo y se encuentra con una escena devastadora: la carpintería se ha incendiado y testigos le cuentan que su esposo no ha alcanzado a salir. Finalmente llegan los bomberos y el cuerpo sin vida de Carlo Marius es encontrado en la parte de atrás, abrazado a una reja tratando al parecer de escalar una pared, lo cual no pudo hacer ya que las llamas lo alcanzaron y carbonizaron. La investigación posterior determinó que el incendio se debió a un corto circuito.

Beatriz queda devastada y apunto de enloquecer, sin embargo tiene a su hijo y decide dedicarse a trabajar para pagar las numerosas deudas, ya que las perdidas en el incendio fueron alrededor de los cien millones de pesos y además había dos trabajadores que empezaron a laborar el día de los hecho y no estaban cubiertos por el sistema de seguridad social y en un acto de solidaridad Beatriz le entrega a cada familia el 35% del seguro y a ella le quedó únicamente con que cubrir el pago de la casa.

Beatriz trabaja mucho, pero lo que gana apenas le da para llegar a fin de mes, sin embargo es feliz.

Desafortunadamente en enero de 2005 conoce a un hombre llamado Helio Alán Lobo Arcila, este hombre la acompaña continuamente y la atiende; Beatriz ve una oportunidad de recomenzar su vida y se casan en diciembre del mismo año, a partir del enlace, la relación se torna perturbadora, debido a los celos continuos de su pareja. Beatriz le repite una y otra vez que no tiene de que preocuparse, que ella es una persona trabajadora, madre y estudiante, sin embargo el la sigue a todas partes, al punto tal de perder su empleo, por verificar en donde estaba. Beatriz lo describe como un enfermo que no la dejaba en paz.

El 6 de marzo de 2006 salen a cenar, cuestión que era costumbre en la pareja y era tan agobiante la manera de celar de Alán que Beatriz solía comer cabizbaja, sin mirar a nadie por miedo a generar un altercado.

Ese día en particular la cena estaba deliciosa, era cerdo con agridulce y nueces de Brasil.

Beatriz le advirtió a Alán que la salsa de la carne contenía nueces y el le respondió "usted nunca me escucha, yo para usted soy un cero a la izquierda... cuantas veces le he dicho que soy alérgico al maní y a las almendras, no a las nueces. Bruta".

Conteniendo las lágrimas Beatriz se quedó callada y empezó a comer mirando al piso y pensando que ella era feliz cuando estaba con Carlo y que aunque pasaban necesidades él nunca la trato mal, en cambio con este tenía todo y no era feliz, a toda hora tenía miedo y estaba angustiada, midiendo cada palabra, evitando saludar a sus vecinos.

Como tenía la cabeza agachada no alcanzo a ver los primeros síntomas, escucho que una señora gritaba.

Ella levanto la cabeza y vio como la cara de su esposo se hinchaba de forma horrenda, lo vio tratando de respirar.

El dueño del restaurante llamó inmediatamente a los paramédicos, los cuales llegaron en cuestión de 15 minutos, Beatriz permaneció a su lado y vio como la vida se le iba ante sus ojos.

Los paramédicos no pudieron hacer nada por auxiliarlo, murió.

Antes de cumplir 40 años, Beatriz era viuda por cuarta vez y lo que más la dañaba era los comentarios mal intencionados de la gente, sin embargo siguió con su vida, porque "el que nada debe, nada teme".

Su hijo estaba en el último año de bachillerato y ella se dedicó por primera vez en su vida a ella misma: decoraba, estudiaba idiomas, pintaba, tejía. No quería saber más de matrimonios, ni de convivencias, ni de entierros.

Pero el destino tenía designado para ella algo diferente y en una de las caminadas en 2008 conoció al que ella describiría como el amor de su vida, era un extranjero de 51 años, de nombre Liosha Vorobiov, su acento era para Beatriz, delicioso, tenía un sentido de humor raro que a ella le encantaba.

Era un hombre muy estudiado, que hablaba tres idiomas y sabia de casi todos los temas, según Beatriz, el tiempo con él se le iba como el agua entre los dedos.

Juntos caminaron, cocinaron pescado en el monte, se contaban historias, el contaba de cuando él vivía en África.

Ella era otra vez feliz... y no necesitaba casarse para serlo, era dichosa.

Pero, un día Beatriz se enfermó, los médicos decían que era algo probablemente grave, le tenían que hacer cirugía.

Liosha se comenzó a alejar, no la acompañaba al médico y el día de la cirugía la dejo sola, ella atribuyo esto a sus orígenes de una cultura "fría".

Cuando se repuso de la cirugía las cosas siguieron prácticamente igual y volvieron las caminadas, las canciones en medio de la nada y porque sí.

Al llegar las vacaciones decidieron ir a partes diferentes, ya que tenían ambos compromisos familiares.

Un amigo de Beatriz le pidió el favor de contactarla con Liosha para que le ayudara a hacer una traducción, ella accedió y los puso en contacto.
Cuando volvieron de vacaciones, Beatriz estaba feliz, se había comprado un vestido azul precioso.
Liosha la llamó y le dijo que aunque habían vuelto de vacaciones él no podía verla, pues estaba muy ocupado, a ella le dio rabia, pero se resignó.
Días después en la llamo y salieron y tuvieron una conversación en la que él le dijo “me enamore de la hija de tu amigo”, “ya no te amo” y “no me toques, no me gusta que me toque la gente que no quiero”.
Beatriz asumió el asunto y no lloro delante de él.
Después lloro en su casa, en el bus, en su trabajo, en cada sueño, en cada paso… durante tres meses y entró a estudiar computadores y de repente le llego un correo de Liosha que decía que lamentaba haberla perdido y que él sabía que era por culpa de la madre de ella.
Beatriz se indignó, no lloraba desde hacía un mes y al leer esas palabras: lloro de rabia, de odio de desesperanza, de humillación… el culpaba a su mamá y no asumía que le había dicho que estaba enamorado de otra. En ese momento se murió para ella.
Y durante 6 años él iba a las caminadas.
En los primeros dos años Beatriz lo veía como lo que era: nada, el la humillo, la dejo a ella por una mujer más joven y tal vez como no había resultado, el volvió a echarle la culpa a su mamá. Si él le hubiera dicho “lo siento, me equivoque” ella hubiera corrido a sus brazos, sin importarle nada.
Ella siguió con su vida. Liosha estaba muerto, más muerto que Jhon, Eder, Carlo y Alán, más muerto que todos ellos juntos. Y sin embargo lo veía caminar… era un zombi, un muerto viviente, de otro mundo diferente al de ella.
Una vez ella estaba hablando con un niño y el zombi se acercó y escucho toda la conversación, era sobre un perro y ella miraba al niño y lo miraba a él y no comprendía como el niño, no se daba cuenta de que estaban hablando con un muerto.
Y de pronto el zombi poco a poco se convirtió en fantasma y paso a ser una anécdota más.
Al mismo tiempo que pasaba lo anterior Beatriz se encapricho con alguien totalmente diferente a ella: era un tipo bajito, viejito, cascarrabias, pero con ella era azúcar y termino enamorándose y como él no la quería “perder”, se casaron por la Iglesia Católica el 28 de junio de 2014… era la pareja más dispareja que el cura hubiera casado ella era alta, acuerpada, estudiada y se había vuelto racional y le importaba un pito que la gente se quedara mirándolos cuando iban por la calle. Él se llamaba Wagner Ernesto Bellota, era constructor, le hizo una casa a Beatriz.
Beatriz despertaba todos los días y en su mente había una canción “Amanecí otra vez entre tus brazos y desperté llorando de alegría. Me cobije la cara con tus manos para seguirte amando todavía y despertaste tu casi dormida, tú me querías decir no sé qué cosa, pero calle tu boca con mis besos y así pasaron muchas muchas horas. Cuando llego la noche y apareció la luna y entro por tu ventana, que cosa tan bonita cuando la luz del cielo ilumino tu cara. Yo me volví a meter entre tus brazos, tú me querías decir no sé qué cosa, pero calle tu boca con mis besos y así pasaron muchas, muchas horas”.
Y la vida se volvió otra vez tranquila, con un amor de madurez, aterrizado y tranquilo y el 28 de noviembre de 2015, Beatriz despertó como todos los días, tranquila y feliz. Su esposo estaba a su lado, ella se levantó y preparo café.
Cómo era sábado, ella no lo quiso despertar, pero a las 10 de la mañana trato de hacerlo y no pudo. Con horror comprendió que su esposo había muerto.
Los médicos determinaron que murió a causa de un aneurisma.
La gente siguió hablando.
¡La fiscalía no ha probado nada¡




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